

He rises and begins to round,
He drops the silver chain of sound,
Of many links without a break,
In chirrup, whistle, slur and shake.
For singing till his heaven fills,
‘Tis love of earth that he instils,
And ever winging up and up,
Our valley is his golden cup
And he the wine which overflows
to lift us with him as he goes.
Till lost on his aerial rings
In light, and then the fancy sings.
Extracto
Se eleva y empieza a dar vueltas,
deja caer la cadena plateada del sonido,
de muchos eslabones y sin fisuras,
en gorjeos, silbidos, portamentos y trinos.
Ella colma su paraíso cantando,
es el amor a la tierra que infunde,|
y siempre volando más y más alto,
nuestro valle es su copa dorada
y ella es el vino que rebosa
elevándonos en su camino.
Hasta que se pierde en sus anillos aéreos
en la luz, y luego la imaginación canta.
Traducción de Irene Serrahima Violant
Estos versos pertenecen al poema The Lark Ascending (El ascenso de la alondra), del escritor victoriano George Meredith (1828-1909). Aunque quizá su obra no resuene fuera de algunos círculos especializados, el poema quedó inmortalizado por el compositor Ralph Vaughan Williams (1872-1958) en su obra homónima para violín y orquesta. En su biografía de su esposo (1964), Ursula Vaughan Williams escribió que este no tenía una intención programática, sino que tomó el poema como inspiración, logrando en su creación que el violín se convirtiera tanto en el canto del ave como en una representación sonora de su vuelo.
Este próximo 23 de noviembre, en la Sala Sinfónica Pablo Casals, Francisco Cabán interpretará esta popular obra junto a la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico (OSPR) bajo la dirección de su director asociado, Rafael Enrique Irizarry. Esta no es la primera vez que Cabán, quien ha sido miembro de la OSPR desde el 1992, se presenta como solista con la orquesta. Anteriormente ha interpretado obras como el Concierto núm. 1 de D. Shostakovich y el Concierto núm. 2 de Karol Szymanowski. “Tocar como solista con la Sinfónica siempre es emocionante, no solo por el honor que supone como músico, sino también porque significa continuar la tradición puertorriqueña de instrumentistas de cuerda. Yo recibí ese legado de mis maestros y es hermoso mantenerlo vivo transmitiéndolo a mis discípulos, algunos de los cuales ya son miembros de la orquesta”. Sobre esta ocasión en particular, Cabán añade: “Este concierto será muy especial, ya que se trata de la primera vez que la orquesta interpreta esta hermosa romanza.
Egresado del Conservatorio de Música de Puerto Rico (CMPR), Francisco Cabán hizo estudios de posgrado en la Universidad de Temple en Filadelfia (2000) y completó su doctorado en ejecución del violín en la Universidad de Texas-Austin (2003). De regreso a Puerto Rico, además de retomar su puesto como músico de la orquesta, fue nombrado profesor de violín y música de cámara del CMPR. A través de sus veintiún años como profesor, Cabán también ha sido una influencia en la cultura artística de la institución. Además de su pasión y compromiso por la práctica pedagógica, fundó el Festival de Violín (2007) y el Festival de Cuerdas (2016) del CMPR, a través de los cuales figuras de renombre internacional tales como Guillermo Figueroa, Federico Agostini, Francesco Manara, José Francisco del Castillo, Sergiu Schwartz, Nancy Zhou, el Cuarteto Harlem, entre otros, pudieron ser parte del crecimiento musical de instrumentistas dentro y fuera de la institución. Los festivales fueron también vehículos para difundir el repertorio para orquesta de cuerdas, desde el barroco A. Corelli hasta los contemporáneos Arvo Pärt y Alberto Rodríguez. Junto a la Prof. Diana Figueroa (piano) y el Dr. Luis Miguel Rojas (violonchelo), Cabán es miembro fundador del Trío Sanromá (conjunto en residencia del CMPR), el cual este mismo año estrenó junto a la OSPR el Triple concierto del puertorriqueño Raymond Torres-Santos.
Fuera de Puerto Rico, Cabán ha sido invitado como profesor a festivales internacionales tales como el Clazz Music Festival (Italia), FOOSA (California), Killington Music Festival (Vermont), Academia Latinoamericana del Violín (Mérida, Venezuela) y Festival del Violín del Conservatorio Nacional de Perú (Lima). Fue casualmente cuando enseñaba en FOOSA que tuvo un reencuentro con la obra de Vaughan Williams. “Yo conocía la obra”, comenta, “pero nunca la había tocado. En ese Festival tuve un alumno que la estaba estudiando, así que aproveché para verla con cierto detalle. Por varias razones, tanto técnicas como estéticas, pensé que podría programarla en uno de mis conciertos, aunque no tenía claro cuándo y bajo que circunstancias. Eso fue hace ya varios años, así que cuando me escribieron para tocarla con la OSPR en esta temporada todo cayó en su sitio”.
Vaughan-Williams está considerado uno de los compositores ingleses más influyentes de la primera mitad del siglo XX, en parte por servir de puente entre una estética decimonónica germana y una firmemente anclada en el folclor inglés, con algunos destellos de modernidad. Armónicamente, The Lark Ascending oscila entre la tonalidad y la modalidad (especialmente los modos dórico y eólico). En la melodía, sobre todo en la cadenza inicial del violín, sobresalen sonoridades pentatónicas. En términos formales, la pieza presenta una estructura ternaria compuesta, es decir, que cada una de las tres secciones principales a su vez se compone de varias secciones. Además de las relaciones temáticas y métricas que vinculan las tres partes principales, el musicólogo Christopher Mark comenta que existe una interesante relación entre la parte libre y fantasiosa del violín solista y el folclor de las secciones orquestales, una interacción entre el cielo y la tierra, entre lo etéreo y lo humano. “Es una pieza maravillosa que me hace sentir en armonía con la naturaleza”, comenta Cabán. “Un día temprano decidí hacer una caminata en el parque solo. Cuando llegué, había un silencio casi sepulcral, pero poco a poco, in crescendo, comenzó a abrirse paso el sonido del viento agitando las ramas de los árboles en contrapunto con el canto de los pájaros. Fue en ese momento que entendí cómo debía interpretar los chirridos, gorjeos, pitos y el batir de alas de los pájaros que describe George Meredith en el poema”.
Aunque poco se menciona, Vaughan Williams empezó a componer The Lark Ascending en un momento de total incertidumbre: el inicio de la Primera Guerra Mundial. Esbozó la primera versión de la obra en 1914, mientras vacacionaba en Margate, un pueblo costero al este de Londres. Para esos días, Inglaterra se unía al bando de los Aliados y, aunque el puerto del pueblo no era un punto de embarque, desde la costa se podían observar los preparativos de la Marina Real británica. Según él mismo comentó, Vaughan Williams pensó y anotó la melodía para la obra mientras caminaba por el acantilado del pueblo, razón por la que fue brevemente detenido por un joven recluta que pensó que recogía información de carácter militar. Poco después, Vaughan Williams abandonó por un tiempo la composición y se enlistó en la Fuerzas Armadas británicas, con las que sirvió hasta el Armisticio de 1918. The Lark Ascending fue una de las primeras obras que revisó y orquestó luego de regresar a la composición en 1919. El estreno de la versión para violín y piano se llevó a cabo en diciembre de 1920 en el Public Hall de Shirehampton y el estreno de la versión para violín y orquesta en junio de 1921 en el Queen’s Hall de Londres. En ambas ocasiones la solista fue Marie Hall, a quien Vaughan Williams dedicó la pieza. La orquesta que interpretó el estreno estuvo compuesta por músicos profesionales que, como el mismo Vaughan William, habían servido en la guerra. Tomando esto en cuenta, y a través de una nostálgica evocación pastoral, la obra pudiese entenderse como un canto esperanzador ante la desolación y destrucción que marcó para siempre la vida de millones y que volvería a repetirse, con más fuerza, dos décadas después. A poco más de cien años del estreno de esta obra, la imagen sonora del Ascenso de la alondra como símbolo de esperanza ante tanta angustia continúa vigente. A poco más de cien años del estreno de esta obra seguimos preguntándonos: ¿será que en algún día podremos al menos imaginar un mundo distinto?
Dr. Noel Torres Rivera