Por: Mario Alegre Barrios

No podía ser de otra manera: la muerte del maestro Rafael “Falín” Ferrer durante la tarde del pasado sábado arropó con una profunda tristeza a la comunidad artística en Puerto Rico, en especial a la de la música, en la que este extraordinario ser humano ha dejado una huella indeleble a través de sus innumerables discípulos.

Cuando la noticia del deceso de Falín empezó a escucharse durante la tarde sabatina, comenzó también a articularse un sentido coro de voces a través de las redes sociales que pronto confirmaron para los todavía incrédulos que efectivamente el maestro Ferrer –Falín para todos los que bien le quisieron- había dejado de estar en el mundo de los vivos.

Una fuente de entero crédito explicó que Falín –quien estaba próximo a cumplir 83 años- había sido encontrado inconsciente en su cama, en su residencia en Levittown por una amistad y que murió a los pocos minutos de haber llegado al CDT de Toa Baja.

Para el doctor Carlos Conde, rector del Conservatorio de Música de Puerto Rico y discípulo de Falín, la muerte de su maestro ha sido devastadora, no solo por lo que significa para el mundo musical de Puerto Rico, sino también por la relación tan entrañable que tuvieron.

“Rafael Ferrer fue mi primer maestro de canto formal”, dijo entre lágrimas el doctor Conde. “Eran los tiempos cuando aún era estudiante de ciencias naturales. Durante toda mi carrera artística fui de su mano. Recuerdo cuando juntos ganamos las competencias del MET, él al piano y yo cantando el repertorio que me había enseñado”.

En la misma línea de pensamiento, el doctor Conde recordó “las tantas colaboraciones, él frente de la orquesta y yo en el escenario, cantando”. “Falín siempre estuvo conmigo, hasta el pasado 7 de mayo, día en el que terminé mis ponencias para el puesto de rector del Conservatorio”, explicó. “Cierro mis ojos y veo en las grandes páginas de mi historia la sabiduría del Maestro. Me deja un vacío enorme ahora que tanto lo necesitaba en este difícil desafío en el Conservatorio”.

“Estaré atento al cielo, confiado que con el mismo amor y paciencia que me enseñó a Mozart, Verdi, Puccini, Donizetti y Wagner, Falín me enseñara lo más importante: el amor y el compromiso por el oficio de la música y la responsabilidad que tenemos de pasar la antorcha|, agregó. “Ahora, a pasarle a otros lo que con tanto amor nos dio. Falín vivirá en cada ópera y zarzuela que nos enseñó a muchos de mis colegas y a mí. En verdad lo amamos”.

El maestro Antonio Barasorda también recibió con un pesar inmenso la noticia de que no volvería a ver con vida a su maestro. “Falín fue siempre el mejor en lo suyo, el mejor maestro que jamás tuve”, dijo con la voz quebrada por la emoción quien fue discípulo del maestro Ferrer desde que tenía cinco años. “Desde entonces estuvimos muy unidos y me enseñó muchas de las óperas que sé. Él podía estar sentado al piano por horas conmigo, enseñándome una ópera, como un amigo, como un coach, como un padre, lo mismo aquí que en Nueva York, en el MET. Su muerte deja un hueco en mí que nada podrá llenar”.

Para el maestro Barasorda, Falín fue “un maestro y un coach de categoría mundial” y que tuvo la calidad necesaria para “codearse con las mejores voces y los mejores talentos de la época dorada de la ópera, mientras vivió en Viena”. “Su sabiduría y su talento eran un caudal enorme”, agregó. “Podía no ser una persona fácil, pero más allá de sus excentricidades, poseía un amor inmenso por la música y también por sus estudiantes. Por eso es que tantos lo queríamos tanto… organizaré una misa pronto para que todos los que algo le debemos vayamos a demostrarle nuestro amor”.

La familia de Falín reveló que no habrá funeral y que el cuerpo del maestro será cremado.

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